Para la mayoría de los artistas, dejar su lugar de origen para ir a otra ciudad es una elección motivada por la búsqueda de inspiración y oportunidades. Pero cuando esa ciudad es Florencia, cuna del Renacimiento y con un rico patrimonio artístico, la decisión adquiere un significado aún más profundo. Es aquí donde la artista colombiana María José, Pitu su nombre artístico, ha elegido establecerse, trayendo consigo la energía de Medellín y combinándola con la serenidad y la historia de la ciudad toscana.
Pitu crea obras que explotan en colores vibrantes, con un enfoque que ella misma define como «arte feliz», capaz de evocar una sensación de asombro infantil y de transportar al observador a mundos alternativos. Es una artista que se nutre de las influencias que la rodean, en constante evolución y siempre en movimiento. Desde las técnicas clásicas hasta los murales urbanos, Pitu ha sabido integrar el pasado con el presente, abriéndose camino con su estilo único y vibrante.
Viniendo de Medellín, una ciudad con una vibrante escena artística contemporánea, ¿qué te impulsó o atrajo específicamente a dejar ese contexto para establecerse en Florencia? ¿Hubo algún evento, una iluminación o un llamado particular que te dijera: «Aquí es donde tengo que ir»?
Desde muy pequeña supe que quería ser artista. Siempre tuve claro que deseaba crear con una destreza que me permitiera explorar todos los rincones de mi imaginación. Por eso, estudiar arte en una ciudad donde se respira arte en cada esquina y donde es posible aprender de los grandes maestros, era una parte fundamental de ese sueño.
Gracias al apoyo de mi familia y a una beca parcial, llegué a Florencia para cursar un máster en artes visuales. Pero el motivo por el que decidí quedarme… esa ya es otra historia.
Aquí no solo encontré historia, belleza y técnica, sino también una plataforma para desarrollar una voz artística propia, Fue en Florencia donde descubrí y pude dar forma al concepto central de mi trabajo el arte feliz o arte que busca hacer sonreir.

Vivir y trabajar en una ciudad como Florencia también puede significar enfrentarse a un flujo constante de turistas y culturas diversas. ¿Cómo influye este dinamismo humano en tu percepción de la ciudad y, en consecuencia, en tu arte? ¿Te sientes más como un observador o como parte integral de este flujo?
Me siento completamente parte de ese flujo. Vivo inmersa en un cruce constante de culturas, lenguas e ideas que me nutren y estimulan. Hablar diariamente en tres idiomas me mantiene mentalmente ágil y me obliga a adaptarme, a observar desde distintas perspectivas y a abrirme constantemente a nuevos aprendizajes. He aprendido secretos del aerosol de artistas urbanos locales, y al mismo tiempo tengo amigos diseñadores que me enseñan Bulgaro y Rumano. Esa diversidad es parte de mi proceso creativo: no soy solo testigo, soy parte activa de ese intercambio multicultural.
Tu arte irradia una vitalidad y profundidad evidentes. ¿De dónde nace tu inspiración más auténtica? ¿Hay una «chispa» inicial o un lugar, una emoción o una experiencia recurrente que sientes que alimenta tu expresión artística?
Mi obsesión son los colores vibrantes, me emociono con ellos desde que tengo memoria.
Mi chispa viene de compartir esa emoción; presentado una realidad alternativa, que abre los límites de nuestra imaginación, desfigurando los colores, como cuando los niños dibujan sin juzgar si un árbol es morado o si el gato es verde. Es una posibilidad que invita a no limitarse a lo que ya existe, sino dirigiendo la mente hacia nuevas posibilidades, que llevan al espectador a sentirse nuevamente como un niño.
Quiero que mis obras se sientan como un recreo emocional, una pausa en la rigidez de lo cotidiano.
¿Qué forma artística, desde la pintura al óleo, el arte callejero y la escultura, te sientes más cercana y te representa más?
Siento que no puedo elegir una sola, porque lo que me une a una técnica no es el medio en sí, sino el color que puedo desplegar a través de él. Amo pintar con óleo, me emociona el muralismo, me divierte esculpir. Cada técnica me permite acceder a una parte distinta de mi expresión creativa. Creo que uno de mis encantos como artista es desarrollar todos esos lenguajes, y seguir sumando otros. Lo importante es que todos me permiten seguir explorando y compartiendo el universo sensorial de mi arte feliz.

Al observar tu obra desde que llegaste a Florencia, ¿cómo percibes la evolución de tu voz artística? ¿Hay cambios evidentes en tu paleta, en los sujetos o en la resonancia emocional que atribuyes a tu tiempo aquí?
El crecimiento de mi obra desde que llegué a florencia ha sido toda una aventura, mi primer año aprendí a pintar con óleo y pinte por primera vez un mural con aerosoles, Tres años después, he pintado más de 30 murales en el centro y he llevado obras de arte feliz (movimiento en el cual encajo muy bien mi arte) donde Florencia es protagonista en diferentes partes del mundo. He crecido tanto técnica cómo emocionalmente, y Florencia ha dejado una marca profunda en mi forma de ver y hacer arte.
Para los aspirantes a artistas que consideran Florencia como un lugar para vivir y crear, ¿qué consejo les darías, en particular con respecto al equilibrio entre inspirarse en su historia y encontrar su propia voz contemporánea y única dentro de ella?
Que se permitan absorberlo todo. Florencia es una ciudad que enseña sin esfuerzo, si uno está dispuesto a observar. Desde pequeñas galerías hasta óperas majestuosas, todo es inspiración. Mi consejo es que se lancen a crear sin miedo, que recorran la ciudad como si fuera un taller al aire libre, que se conecten con otros creadores y que encuentren su voz sin perderse en la historia. Aquí, el pasado es inspiración, pero el presente también está lleno de posibilidades para decir algo nuevo.
Considerando la riqueza artesanal presente en la ciudad, ¿hay alguna forma de arte o artesanía tradicional local que te haya sorprendido o inspirado particularmente, y de qué manera ha influido, si es que lo ha hecho, en tu práctica contemporánea?
Siempre me han fascinado los frescos. Aunque son muy distintos del muralismo urbano, comparten algo esencial: el poder del gran formato. Me interesa su capacidad de envolver al espectador, de transportarlo, y eso resuena mucho con mi deseo de generar asombro con mis creaciones, cosa que muchas décadas después los frescos siguen logrando.

Si pudieras tener una conversación imaginaria con un artista florentino del pasado, ¿a quién elegirías y qué pregunta le harías sobre su proceso creativo o su visión de la ciudad?
Creo que sería con Miguel Angel, le preguntaría si puedo verlo esculpir, para intentar entender cómo encontraba las figuras en la piedra, y cómo traducía mentalmente los volúmenes.
También me encantaría preguntarle si realmente fue él quien talló el misterioso perfil en las paredes del Palazzo Vecchio. Ese rostro grabado a escondidas, que muchos dicen podría ser el primer tag de la historia; me parece fascinante!. Me gustaría saber qué pensaba en ese momento, si fue un impulso, una broma, o un gesto de dejar una marca silenciosa.
Como artista, la venta y la exposición son parte integral del camino. ¿Has notado diferencias en la forma en que el público florentino o italiano en general percibe e interactúa con tu arte en comparación con otros contextos en los que has expuesto?
Sí, totalmente. En Italia, el arte forma parte del paisaje cotidiano, y eso se refleja en la forma en que las personas lo experimentan. Hay una sensibilidad generalizada, una cercanía que atraviesa generaciones. Lo viven con naturalidad, con respeto y con curiosidad. Eso me encanta, porque el arte feliz necesita justamente de esa apertura: una disposición a dejarse sorprender, a emocionarse sin prejuicios. Aquí encuentro un público que está dispuesto a sentir, y eso lo valoro profundamente.
Más allá de tu estudio, ¿cuál es tu relación con la comunidad artística contemporánea? ¿Has encontrado un ambiente colaborativo, competitivo o aislado?
Muy positiva. He tenido la fortuna de encontrar artistas generosos, abiertos y dispuestos a compartir. Hay un espíritu colaborativo que me ha nutrido mucho. Seguramente existen entornos más competitivos o cerrados, pero no es el tipo de energía con la que resueno. Me gusta crear desde la conexión, y en Florencia he encontrado personas que también entienden el arte como un puente, no como una barrera.
Si tuvieras que elegir una sola palabra o una frase corta para describir el impacto más significativo en tu evolución artística hasta ahora, ¿cuál sería y por qué?
“Cuidado con lo que quieres, porque lo vas a conseguir.”
Una frase que tengo tatuada que siempre me dice mi mamá. Porque a medida que pasan los proyectos me doy cuenta de que lo que más ha influido en mi proceso artístico es poder compartir con los demás es esa necesidad de volver a creer, de creer que si lo puedes conseguir,, como cuando éramos niños, volvernos a dar cuenta que todo puede existir si lo imaginas. Mi trabajo ha sido un camino para mantener viva esa posibilidad: colores que no siguen reglas, mundos alternativos, crear es mi manera de no dejar que se apague esa parte de mí que se maravilla, juega y sueña sin límites.

De cara al futuro, ¿cuáles son tus próximos objetivos artísticos o los proyectos que más te entusiasman?
Me llamá mucho seguir explorando técnicas nuevas, estudiar nuevas maneras de trabajar con el color con nuevos materiales que me permitan explotar aún más la capacidad de asombro en las personas. Tengo a corto plazo varios planes como la apertura de mi nuevo estudio en Medellín, una posible residencia artística con una amiga en Mexico y ya nuevamente volver a Florencia en Marzo para los próximos murales que ya tengo alineados.
Pitu nos abre las puertas de su mundo, contándonos su recorrido artístico y personal. Nos habla de cómo encontró su voz en Florencia, de sus inspiraciones, de su relación con la comunidad artística local y de su enfoque para crear obras que, como ella nos dice, buscan ser un «recreo emocional», una pausa de la rigidez de lo cotidiano.
Foto: Pitu.arte





