El regreso de la reina del pop: Madonna transforma la pista de baile en un ritual espiritual con Confessions II

Retorno a las raíces y un mensaje urgente de comunidad construyen un disco en el que la Reina del Pop vuelve a hacer lo que mejor sabe hacer.

Confessions II de Madonna es el álbum que todos los fans esperaban desde hace años. Una de sus obras más logradas, capaz de transformar el pasado en un presente necesario y la pista de baile en un terreno espiritual.

Existe siempre una gran expectación cuando se trata de un nuevo proyecto discográfico de Madonna. En este caso, esa misma espera se multiplicaba por varios factores: hacías siete años que la artista de los récords no lanzaba un álbum de estudio inédito; y porque este Confessions II, su decimoquinto disco de estudio, se anunciaba como la secuela ideal y musical de Confessions On a Dance Floor, su obra maestra de la música dance de hace más de veinte años.

ph: Rafael Pavarotti

Ya desde los primeros temas adelantados (en particular «I Feel So Free» y el sencillo de lanzamiento «Bring Your Love» junto a Sabrina Carpenter), los suspiros de alivio no se hicieron esperar. Ahora llega la confirmación definitiva tras escuchar Confessions II en su totalidad. El álbum está producido y supervisado por Stuart Price, el mismo del toque magistral en el primer Confessions, quien ha confeccionado esta segunda entrega como una continuidad homogénea, simulando la mezcla ininterrumpida de un DJ en un club de baile.

La fuerza de este trabajo tan intenso y cohesivo reside en un tratamiento muy particular del pasado: si bien Madonna siempre ha buscado interceptar las últimas tendencias e imponerlas antes de que llegaran a las masas, esta vez ha decidido mirar con astucia hacia atrás, rebobinando una cinta che solo ella demuestra dominar mejor que nadie.

Ph Cover: Ricardo Gomes

Una danza de liberación: del Chicago House al Synth Pop

Más que al Europop y a la música dance más pura, este álbum regresa a las raíces que formaron a la propia Madonna, con una mezcla de Chicago house y Detroit techno, sin olvidar géneros tan dispares como el Nu-Disco, el French touch y el EDM.

Especialmente las primeras ocho canciones del álbum son una apertura eufórica y desatada, donde se desafían las convenciones y rigideces, buscando en la pista de baile una liberación tanto física como espiritual. Este es el sentido de temas como «One Step Away» y «Love Sensation», embriagadores manifiestos de amor, comunidad, emancipación y frenesí.

El eclecticismo de las sonoridades latinas en «Read My Lips» (junto al rapero colombiano Feid) y el obsesivo riff de bajo de «Everything» empujan este acto de liberación en múltiples direcciones. Sin embargo, el nexo de unión es un horizonte temático introspectivo, sublimemente sintetizado en «Good for the Soul», una creación de spiritual disco que resume el alma profunda de este último disco. En el fondo, es como si el primer Confessions hubiese tenido un hijo secreto con Ray of Light.

Teniendo en cuenta los últimos años de Madonna, marcados por el Celebration Tour —con un repaso a los grandes éxitos de sus cuatro décadas de trayectoria— y el complejo trabajo en su película biográfica (que probablemente se convertirá en una serie de Netflix), no sorprende que la artista haya abrazado finalmente su pasado. Lo hace abiertamente en uno de los momentos cumbre de esta obra: «Danceteria». Este tema es un híbrido calibrado y astuto entre la música house y el spoken word, donde la cantante evoca el club de Nueva York donde dio sus primeros pasos.

En la letra recuerda cómo sonó allí su canción de debut, «Everybody» (introducida en forma de cita directa: «Then I see Mark Kamins is the DJ / He’s the DJ, hide the cocaine / He played my tape, «Everybody»»), y rinde homenaje a los personajes que frecuentaban el local: sus amigos Martin Burgoyne y Debi Mazar, artistas como Basquiat y Keith Haring, el galerista Tony Shafrazi o músicos de la talla de Nile Rodgers y David Byrne. Un name-dropping que se convierte en el heredero ideal del clásico «Vogue» de 1990. Y por el puro placer de la cita, incluye también una melodía inspirada en «Walk on the Wild Side» de Lou Reed.

Más allá de la nostalgia: la pista de baile como conexión social

No obstante, aquí no solo hay nostalgia. Basta escuchar «Bizarre», su colaboración con el DJ megaestrella Martin Garrix, para comprender que Madonna sigue siendo capaz de crear éxitos plenamente contemporáneos.

Aunque por una vez se conceda el lujo de recorrer sonoramente territorios familiares que remiten a un pasado lejano, Confessions II suena de absoluta actualidad. Esto se debe, por un lado, a una producción minuciosamente cuidada que lo convierte en un producto transversal y atemporal; y por otro, a una especie de urgencia simbólica. Las canciones están conectadas por mini-monólogos que reivindican el papel fundamental de bailar juntos y reunirse en la pista de baile hoy en día, en un mundo aislado y cristalizado por las pantallas de los smartphones.

«It’s dangerous with just one person / And that’s not a nice feeling / But out here, on the dance floor / I feel so free, I can’t explain», declama en la apertura de «I Feel So Free».

En definitiva, la música dance entendida como pegamento social y como una reivindicación del impulso colectivo, de la reconexión carnal y espiritual que tanto necesitábamos.

Author

El Duomo es…