Villa Belvedere: un sueño toscano entre colinas y copas de vino

La Toscana desde una terraza suspendida en el tiempo.

En el corazón de la campiña toscana, Loro Ciuffenna (Arezzo), donde las colinas se ondulan entre viñedos, olivos y cipreses, se alza Villa Belvedere, una joya arquitectónica nacida en los años veinte y renacida como un canto a la belleza. Desde su terraza, el paisaje se expande con la serenidad de quien contempla la vida sin prisas, recordándonos que en Toscana el tiempo no se mide en horas, sino en momentos.

Esta villa, símbolo del alma de Tenuta Romignano, no es solo un refugio; es una forma de vivir. Una puerta abierta a la esencia más pura de la campiña toscana, donde el vino, la tierra y la historia se entrelazan como una sinfonía antigua que nunca deja de sonar.

ph. Ruth Claramonte Navarro

La historia que fermenta entre generaciones

Todo comenzó hace un siglo, cuando Riccardo Rossi, un maestro sombrerero apasionado por la agricultura, decidió dar forma a su sueño: construir Villa Belvedere y plantar los primeros viñedos en las suaves pendientes de la Toscana. Su amor por la tierra fue el origen de una historia familiar que, tras guerras y distancias, encontró su continuidad en su nieto —también llamado Riccardo—, quien transformó esa herencia en un proyecto de vida.

A finales de los años noventa, Riccardo Rossi (nieto) regresó a Toscana, abandonando la vida urbana para entregarse por completo al campo. Fue él quien reconstruyó la bodega, reavivó los viñedos y devolvió a Villa Belvedere el esplendor de sus días.

Aquí el tiempo parece suspenderse y todo gira en torno a la autenticidad, la belleza y la sencillez

Así nació la nueva era de Tenuta Romignano, un lugar donde cada piedra, cada cepa y cada sorbo de vino cuentan una historia de amor hacia la naturaleza.

Villa Belvedere: arte, luz y hospitalidad toscana

Construida en estilo Liberty (el equivalente italiano del Art Nouveau), Villa Belvedere conserva ese aire romántico de las casas donde el arte y la naturaleza dialogan sin esfuerzo. Su restauración, llevada a cabo entre 2015 y 2016, fue una obra de sensibilidad y respeto: mantener su espíritu original y, al mismo tiempo, abrirla a una nueva forma de hospitalidad.

ph. Ruth Claramonte Navarro

Desde su terraza, las colinas del Chianti se muestran como un cuadro vivo. Las mañanas huelen a pan recién hecho y a hierbas silvestres; las tardes se tiñen del color rubí del vino. El aire, limpio y suave, parece tener la textura del silencio.
Ese espíritu festivo y refinado es el que hoy resurge en Villa Ermellina: una nueva vida para una antigua tradición.

Villa Belvedere invita a grupos de amigos, familias o viajeros soñadores a compartir el lujo más escaso: el espacio y el tiempo. Entre sus muros, restaurados con manos artesanas, se respira esa mezcla de elegancia y calidez que solo la Toscana sabe ofrecer.

ph. Ruth Claramonte Navarro

Cada habitación es distinta, decorada con un gusto refinado que combina lo rural con lo contemporáneo. No hay artificio, solo belleza. Porque aquí la vida no se adorna: se siente, se bebe, se contempla.

El alma líquida de la Toscana: los vinos de Tenuta Romignano

En Tenuta Romignano, el vino no es solo una bebida: es un acto de amor. “El vino es la poesía de la tierra”, decía Mario Soldati, y esa frase podría ser el lema de la familia Rossi.

Los viñedos que rodean Villa Belvedere son la herencia viva de aquel primer sueño familiar. Hoy, la bodega produce vinos auténticos y expresivos del territorio, con una filosofía clara: honrar la tierra sin artificios, dejar que la naturaleza hable por sí misma.

ph. Ruth Claramonte Navarro
ph. Ruth Claramonte Navarro

Entre sus creaciones más queridas destacan nombres que suenan como versos: Ciliegiolo, Sabot, Rosso di Rossi, Cabernet y, por supuesto, Villa Belvedere, el vino que lleva el mismo nombre que la villa y encarna su esencia. Algunos de ellos pueden degustarse únicamente en la finca, un privilegio reservado para quienes deciden vivir la experiencia completa.

Los recorridos de wine tasting en Tenuta Romignano son un viaje sensorial: desde catas al atardecer hasta experiencias en las que los visitantes pueden convertirse en winemakers por un día, creando su propia etiqueta. Todo sucede al aire libre, bajo la luz que dora las colinas y el rumor del viento entre los olivos.

La vida al ritmo de las estaciones

Riccardo Rossi no solo produce vino: cultiva un estilo de vida. En su tenuta, los días siguen el compás natural del campo. Cada vendimia es una celebración; cada copa, un pequeño homenaje a la tierra.

Su filosofía es simple y profunda:

Vivir aquí significa escuchar el sonido del silencio, aprender de los árboles y dejar que el vino te enseñe paciencia”.

Esa conexión entre la tierra y el alma impregna todo lo que ocurre en Villa Belvedere, desde las clases de cocina hasta los picnics entre viñedos o las cenas bajo las estrellas.

El visitante no llega solo a hospedarse, sino a formar parte de una historia que empezó hace más de cien años y que sigue fermentando, año tras año, en las barricas y en los corazones.

La magia de contemplar

Sentarse en la terraza de Villa Belvedere al final del día es asistir a un espectáculo silencioso. El sol se esconde tras las colinas del Chianti, los pájaros se recogen entre los cipreses, y el aire adquiere ese tono dorado que solo la Toscana conoce. En la mesa, una copa de Rosso di Rossi capta la última luz antes del crepúsculo.

Allí, el tiempo no se escapa: se detiene para dejar espacio a la contemplación. Porque, al final, visitar Villa Belvedere no es solo una experiencia turística, sino una manera de reconectar con lo esencial.

ph. Ruth Claramonte Navarro

En un mundo que corre, este rincón invita a detenerse, respirar y sentir. A recordar que la felicidad, como el buen vino, se saborea mejor despacio.

Villa Belvedere, más que una villa: una forma de mirar la vida.
Donde la tierra se hace arte, y el vino, poesía.


Foto Cover credits: La Este Photography @laestephotography

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