Entre viñedos centenarios y olivares que trepan hacia las colinas etruscas, este Relais & Châteaux con estrella Michelin convierte cada estancia en una lección de gastronomía, historia y placer sin prisas.
Hay ciudades que parecen escritas antes de ser construidas. Cortona es una de ellas. Suspendida sobre un promontorio de la Valdichiana, a caballo entre Toscana y Umbria, esta antigua ciudad etrusca lleva siglos siendo el secreto mejor guardado de la región, hasta que Frances Mayes la convirtió en sinónimo de reinvención vital con su libro Under the Tuscan Sun, más tarde llevado al cine por Audrey Wells con Diane Lane como protagonista.

Pero Cortona no necesita a Hollywood para justificar su atractivo. Sus calles empedradas, su muralla etrusca y su Museo dell’Accademia Etrusca cuentan una historia que se remonta a miles de años, cuando esta era una de las doce ciudades-estado más importantes de la civilización etrusca. Hoy, ese pasado convive con un presente de gastronomía exquisita, vino de autor y un savoir-faire hotelero que ha hecho de la zona uno de los destinos favoritos del turismo de alta gama internacional.
Y en el corazón de esa campiña, entre viñedos y olivares que se extienden hasta donde alcanza la vista, se levanta Il Falconiere: una villa familiar del siglo XVII transformada en uno de los Relais & Châteaux más codiciados de Italia.
Cortona, la ciudad etrusca que inspiró un mito moderno
Antes de hablar de Il Falconiere, conviene entender el escenario que lo rodea. Cortona no es solo un pueblo pintoresco más en el mapa toscano: es un cruce de caminos cultural. Su posición elevada —a más de 600 metros de altitud— ofrece vistas que abarcan el lago Trasimeno y buena parte de la Valdichiana, mientras sus calles en pendiente conservan vestigios etruscos, romanos y medievales superpuestos como capas de una misma memoria.

La ciudad ha sabido mantener un equilibrio poco frecuente: es auténtica sin caer en la nostalgia impostada, y cosmopolita sin perder su carácter rural. Boutiques de artesanía, trattorias familiares y bodegas con generaciones de historia conviven con una creciente comunidad internacional que ha encontrado aquí su refugio toscano particular.
Es precisamente en las afueras de este enclave, entre San Martino a Bocena, donde la familia Baracchi decidió hace más de tres décadas convertir su residencia familiar en una de las direcciones hoteleras más singulares de la Toscana.
Il Falconiere: una villa del siglo XVII convertida en santuario de hospitalidad
La historia de Il Falconiere es, ante todo, una historia de amor por la tierra. Silvia y Riccardo Baracchi tomaron esta antigua villa familiar del siglo XVII y la transformaron en un proyecto de hospitalidad que hoy forma parte de Relais & Châteaux desde 1998. El amor por una tierra rica en historia y tradiciones ancestrales es la base que inspiró y guió el gran sueño de Silvia y Riccardo Baracchi al transformar la villa familiar del siglo XVII en una joya de la hospitalidad.
El resultado son 31 habitaciones y suites repartidas alrededor de la residencia principal, cada una con la calidez y la sencillez elegante de una villa toscana auténtica. Las habitaciones, situadas alrededor de la residencia principal, conservan toda la sencillez de una villa toscana, y las terrazas del antiguo jardín de invierno, perfumadas de rosas, ofrecen vistas magníficas sobre la campiña vecina.


El complejo, gestionado íntegramente por la familia, cuenta además con dos piscinas panorámicas y un spa de inspiración etrusca, el Thesan, donde los rituales de bienestar se inspiran en antiguas tradiciones de la zona. Además de la joya de la corona, un restaurante con estrella Michelin, completando así los servicios de este hotel de cinco estrellas.

La bodega Baracchi: vino, territorio y memoria familiar
Junto al relais se extiende la bodega de la familia, cuarta generación de viticultores en la zona. Las visitas guiadas permiten recorrer viñedos y bodega, culminando en catas que incluyen el característico sabrage del espumante Metodo Classico de la casa, una tradición que añade teatralidad a cada degustación.
Cocinar bajo el sol toscano: la experiencia «Cooking Under the Tuscan Sun»
Si hay algo que define la filosofía de Il Falconiere es la convicción de que la gastronomía no se observa, se vive. De ahí nace la escuela de cocina Cooking Under the Tuscan Sun, ideada por la chef Silvia Baracchi como una inmersión real en la cocina del territorio.
La escuela ocupa un espacio luminoso dentro de la antigua granja de la propiedad, lejos de la estética fría de las cocinas profesionales. Se trata de un espacio dinámico, creado para compartir la historia, la cultura y el saber hacer de la gastronomía y el vino italianos a través de una formación experiencial en un ambiente divertido y de convivencia. Cada clase se construye en torno a ingredientes locales y sostenibles, seleccionados personalmente por la chef, dejando que sean ellos quienes marquen el rumbo del menú.

Las clases, que van desde lecciones puntuales hasta programas de varios días, terminan siempre del mismo modo: en una mesa compartida. El punto culminante de cada curso es una auténtica comida italiana compartida en la mesa con nuevos amigos, una experiencia que no se limita a la comida, sino que se acompaña de los grandes vinos de la Cantina Baracchi.
La cocina fue diseñada para evitar las comparaciones con las cocinas de restaurante dominadas por el acero inoxidable, buscando que los huéspedes se sientan relajados y como en casa, en cursos pensados según el tipo de cocina que cualquiera haría en su propia casa para recibir a familia y amigos. El ambiente se convierte así como si fueras a comer a casa de algún conocido, con música, bailes y una sobremesa que te permite conocer gente y hacer amistades.
Caza a la trufa: una tradición que se vive en los bosques toscanos
Otra de las experiencias estrella de la propiedad es la caza ala trufa, una incursión guiada en los bosques de la zona que combina naturaleza, tradición y gastronomía. Il Falconiere organiza estas salidas como parte de su programación estacional, especialmente intensa durante el otoño. Los huéspedes pueden sumergirse en el mundo de la trufa (Tartufo) con una visita guiada por la campiña, descubriendo los secretos de la caza a la trufa y participando después en una clase de cocina con la chef con estrella Michelin Silvia Baracchi.
La jornada sigue el ritmo marcado por los perros adiestrados y sus guías, expertos tartufai que conocen cada rincón de robles, álamos y sauces donde el hongo crece en simbiosis con las raíces. El momento del hallazgo —esa pausa repentina del perro, el gesto cauteloso del tartufaio escarbando la tierra— tiene algo de ritual ancestral que ningún restaurante puede replicar.
La experiencia se completa, inevitablemente, en la cocina: lo recolectado se transforma en plato, cerrando el círculo entre bosque y mesa que define la filosofía culinaria de toda la región.
El restaurante Il Falconiere: una estrella Michelin entre limoneros centenarios
Si la villa y sus experiencias construyen el relato, el restaurante es su clímax. Instalado en lo que fue la antigua limonera de Villa Baracchi, el espacio conserva un encanto arquitectónico que pocos comedores con estrella pueden ofrecer. El restaurante Il Falconiere, con estrella Michelin, nacido de la antigua limonera de Villa Baracchi, dispone de una elegante sala interior y una llamativa terraza panorámica a forma de invernadero con vistas sobre Cortona y sus colinas.


Al frente de los fogones está Silvia Baracchi, chef-propietaria que ostenta su estrella Michelin desde 2002 y que define su cocina como una traducción contemporánea del territorio cortonés. Baracchi lleva a la mesa lo mejor de la cocina cortonesa utilizando los mejores ingredientes biológicos, en una propuesta que combina técnica depurada con el respeto absoluto por el producto de cercanía.
Esa filosofía se traduce en una carta organizada en cuatro itinerarios degustación que cambian con las estaciones. Viaggio in Toscana es el recorrido más identitario, con platos como pici con mollejas, haba y pecorino, o un rosatenero de ternera con judías y conserva de ciruelas y tomate fermentados, cerrando con la inevitable zuppa inglese, el postre toscano por excelencia. Primavera propone un menú vegetal que va del huerto a la mesa, con flor de calabacín relleno de pappa al pomodoro o cappellacci medicei de ricotta y verduras confitadas. Azzurro, dedicado al mar, combina sofisticación y producto local en platos como el risotto ahumado «Gli Aironi» con anchoas y salicornia, o la lubina con salsa de cúrcuma y chips de tapioca. Y para quienes buscan el repertorio histórico de la casa, el apartado I Nostri Classici recupera referencias como el pichón en cazuela del Peruzzi o el cordero en costra de orujo.

La carta también permite componer combinaciones más libres à la carte, eligiendo entre los distintos menús degustación según el apetito y la ocasión. La idea es que seas libre, que degustes el territorio y que te sorprendas por los colores de los platos propuestos.
Cortona, donde el lujo se mide en tiempo y territorio
Lo que distingue a Il Falconiere no es solo su estrella Michelin ni su pertenencia a Relais & Châteaux, sino la coherencia de un proyecto que entiende el lujo como una forma de atención: al territorio, a las estaciones, a los gestos pequeños que hacen memorable una estancia. Aquí, cazar trufas, aprender a hacer gnudi a mano o simplemente sentarse en la terraza con vistas a Cortona son variaciones de un mismo mensaje: la Toscana, cuando se vive con esta intensidad, no se visita. Se habita.
Descubre más en su página web: Il Falconiere
Foto cover by Il Falconiere






